Hola!
Hace años que no me paso por aquí. Muchos. No sé si hay alguien por aquí... Ha cambiado tanto todo en todo este tiempo!
He pasado por tantas cosas que no sé ni por donde empezar... lo que sí sé es que, en su día, este blog fue mi hogar, mi vía de escape, mi rincón en el que compartir cualquier cosa que se me ocurriera o me ocurriera, el inicio de nuevas amistades que aún hoy siguen vivas aunque no nos hayamos visto desde hace tiempo.
En los últimos dos o tres años he pensado en volver a escribir porque siento que he perdido hasta el saber expresarme. He cogido miedo a relacionarme. También a salir sola a la calle. Siento ansiedad si he de ir sola a algún lugar y lo evito a toda costa. Rezo por no cruzarme con nadie que conozca, no me apetece hablar demasiado. Esta noche no he dormido, así que a estas horas llevo casi 24 horas sin dormir. Tengo medicación que me puede ayudar a hacerlo, pero también evito tomarla. Prefiero intentar relajarme de forma natural y, en realidad, solo consigo dormir por agotamiento y cuando es la hora de levantarse.
Tengo que hacer frente a todo esto y he pensado en volver al lugar donde me sentía libre y era yo.
En resumen, desde la última vez que publiqué algo, he pasado por la separación de mi anterior pareja, el cambio de residencia a dos lugares, el inicio de una relación con una persona maravillosa, la muerte de varios seres queridos (humanos y animales) y del ser que más he querido en mi vida, mi Carlitos, una enfermedad grave y cinco recaídas.
Desde luego, lo que más ha marcado mi vida, y la está marcando, es el cáncer. Un cáncer que no me va a matar, se supone, pronto, pero que no se cura y se está haciendo muy, pero que muy, pesado. Mieloma múltiple se llama y me lo diagnosticaron hace justo 7 años. Fue el inicio de mi nueva vida.
El mieloma múltiple es un cáncer de la sangre, donde las células plasmáticas se multiplican sin control, provocando daño óseo y renal, que afecta, en su mayoría, a hombres de más de 65 años. En mi caso estuvo avisándome durante dos años, con inflamaciones, dolores que no remitían, morados por el cuerpo sin haberme dado golpes, sangrados de nariz que no venían a cuento... aunque según mi hematóloga esto ya lo tenía en sus fases previas desde los 18-20 años. La cosa es que esperé a estar con un pie en el otro barrio a ir al médico, porque según mi médico de cabecera, hasta un mes antes de ingresar en el hospital, lo que tenía era artritis reumatoide y me recetaba antiinflamatorios fuertes y relajantes musculares que tomaba como caramelos sin notar alivio alguno. De hecho, llegó un punto en el que dormía apoyada en la pared porque no podía ni pestañear del dolor. tampoco podía beber ni agua porque la vomitaba. Había perdido en las últimas semanas mucho peso. Se me rompió una costilla mientras dormía, aunque para el traumatólogo de urgencias era un desgarro muscular. La médica que suplía al mío me salvó la vida. Fue ella la que me pidió una analítica muy completa (me sacaron como 10 tubos de sangre) y al rato me llamaron para que me fuese corriendo al hospital con el informe. Recuerdo que me lo trajo a casa Manolo, un enfermero amigo de la familia, que me dijo mientras me daba un abrazo y un beso en la frente "no te preocupes, ha salido un parámetro un poco alterado y te la quieren repetir. No tardes en ir". Sentí algo parecido a una despedida. Debía ser grave.
Casualmente estaban mi hermana y mi cuñado en casa. Llamé a mi pareja para decirle lo que pasaba y vino corriendo a casa, me llevaron mi hermana y él al hospital. No tardé en tener una cama, me pasaron directamente ahí y me pusieron una bolsa tras otra de suero. No sabía qué pasaba. De repente me quedé sola. Mi novio no venía y mi hermana apareció con gafas de sol que no se quitaba. Intentaba tener humor. Preguntaba, nadie me decía nada.
Me subieron a planta, a agudos de nefrología. Seguía sin saber qué pasaba. Solo me dijeron que debía quedarme allí, que me estaban poniendo medicación para que se me pasara el dolor. Ni siquiera sabía que estaba en una habitación al lado de máquinas de diálisis por si hacía falta. No sabía que mis riñones habían dejado de funcionar.
Mi hermana estuvo conmigo. Luego subieron mis padres y mi pareja. Todos estaban blancos, pero haciéndome chistes. Pese a lo jodida que estaba lo único que no había perdido era el humor. Es más, después de tantos días sin poder comer ni beber, recuerdo que comencé a pedir agua y beber muchísimo. Luego, cuando me llevaron la cena, me supo a gloria! Un muslo de pollo al horno y un plato de guisantes y maíz salteados con cebolla. Estaba buenísimo y, lo mejor, me sentó de maravilla.
Pasaron días, me hacían pruebas, algunas muy dolorosas. Recuerdo lo mucho que lloré en la punción de médula porque la hematóloga se empeñó en ponerme boca abajo para extraerla. Ella hacía presión y para mí eso era como estrujarme los huesos. Si me dolía respirar, hasta hablar! Había una enfermera que lloraba conmigo y se tenía que salir de la habitación cada dos por tres. Era un sol, pero no es bueno para ella sufrir así con los pacientes. También me hicieron una "nanoliposucción" (término que no existe pero yo llamo así) sin anestesia donde movían de un lado a otro una jeringa muy gruesa intentando sacar grasa para analizar. Fue horrible. Supongo que la insuficiencia renal fue lo que les obligó a no usar la anestesia, porque si no era por eso, fueron ganas de torturarme.
No recuerdo qué día fue... vinieron mi hematóloga y mi nefrólogo a verme. Se pusieron muy serios delante de la cama y me explicaron que ya tenían el diagnóstico. No sé lo que dijeron, no me acuerdo, pero es que tampoco me enteré en ese momento. De hecho tardé tantos días en memorizar el nombre de la enfermedad que no sabía decirle a nadie lo que me pasaba. Ese día estaban mi hermana y mi novio conmigo. Cada uno me cogía una mano. Supongo que ellos estarían muy asustados. Yo solo recuerdo las caras de póker de los dos doctores cuando les dije "qué bien! Ya sabemos lo que es :) Ahora que tiene nombre lo que me pasa, podemos luchar contra ello". Me habían dicho que no tenía cura, pero bueno, si tiene tratamiento es que se puede seguir viviendo con ello.
Tiempo después me enteré que el día que ingresé en urgencias les dijeron a mi hermana y mi novio que tenía un cáncer de huesos terminal, que era cuestión de horas o días, según respondiera a la medicación, que muriese. Después de saber el diagnóstico definitivo les dijeron a mis padres que podría vivir, en el mejor de los casos, unos dos o tres años. Llevo siete y no tengo las más mínima intención de irme, así serán muchos más.
En próximas entradas os iré contando toda la evolución, las recaídas, tratamientos, hablaré de cosmética que me ha ido bien, cómo cuido mi alimentación, ejercicio...
Un abrazo gordo a quien me lea!

