Cuando hablamos de los efectos secundarios más visibles del cáncer, el foco suele ponerse casi siempre en la caída del cabello. Sin embargo, hay otra secuela física constante, molesta y dolorosa de la que apenas se habla: la alteración y pérdida de las uñas.
De la misma manera que el cuero cabelludo sufre por los tratamientos agresivos, las uñas forman parte de nuestro tejido epidérmico queratinizado. Si los tratamientos diana o la quimioterapia frenan la proliferación celular rápida, el lecho ungueal queda desprotegido.
Hoy quiero contarte mi experiencia real conviviendo con este problema y las pautas prácticas que me ayudan a sobrellevar el dolor y cuidar mis manos y pies en el día a día.



